Congreso de Teología de la Liberación en México propone renovar la participación social y política de las iglesias en el grave escenario de desigualdad y violencia del país

Del 2 al 4 de diciembre pasados se realizó en México el primer Congreso de Teologías y Experiencias de Liberación bajo el lema Raíces y nuevos horizontes de liberación hoy. Sus objetivos estuvieron enmarcados tanto por la celebración de los 50 años de la clausura del Concilio Ecuménico Vaticano II (ocurrida un día como hoy, 8 de diciembre, de 1965) como por la conmemoración de los 500 años de la reforma protestante, que tendrá lugar en 2017, y cuyos preparativos ya se respiran en el ambiente mundial. Estos dos eventos están conectados entre sí, porque fueron decisivos para la revitalización del cristianismo en contextos de profundo deterioro ético e institucional religioso, y permitieron a la Iglesia y a las iglesias diversificarse, renovarse, abrirse al mundo y sus desafíos. A la distancia (500 y 50 años después), invitan a la reflexión, a la memoria, a la utopía.

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Por: José Guadalupe Sánchez Suárez / Secretariado Social Mexicano

Inseparable de lo anterior, el citado Congreso tuvo también como referente uno de los frutos más creativos del Concilio Vaticano II y de la iglesia toda: la teología de la liberación, surgida en América Latina y hoy extendida por diversas partes del mundo como una respuesta necesaria a una época marcada por la desigualdad, la violencia, la exclusión. También pueden contarse unas cinco décadas desde que esta experiencia surgió en las bases de las iglesias cristianas, católicas y protestantes, y fue combatida abiertamente tanto por el poder político como por el eclesiástico en todos los países de nuestro continente. Pero que sobrevivió, por 50 y por 500 años, resistiendo las lógicas de dominación y sus múltiples rostros de opresión.

Finalmente, siguiendo la herencia de estas originales experiencias eclesiales, el Congreso de Teologías y Experiencias de Liberación planteó una ruta de trabajo teniendo como referente indispensable la dura realidad actual, en la cual todas las personas y grupos participantes están inmersas desde hace años tratando de aportar desde la fe luces de esperanza, solidaridad y justicia en un momento que es distinto al de hace 50 años (o 40, cuando floreció la teología de la liberación), no porque hayan desaparecido las lógicas de opresión, sino porque siguen presentes con mucha mayor fuerza, con nuevos y cada vez más terribles rostros.

Desde estas sensibilidades, las cerca de 100 personas participantes del Congreso, líderes sociales y eclesiales provenientes de 10 estados de la república mexicana, compartieron experiencias, inquietudes, desafíos… y se esforzaron por construir nuevos horizontes de liberación hoy, así como posibles caminos en común para abatir al monstruo que se cierne sobre nuestros pueblos y el mundo entero: el capitalismo patriarcal que usa la violencia y el terror para avasallar sin límites ni misericordia, devastando a su paso ecosistemas, territorios, comunidades, cuerpos, culturas, como hace 500 años o más.

En un horizonte nada esperanzador, las y los participantes se atrevieron a proclamar la esperanza y a demandar la justicia y la verdad. Ubicando importantes desafíos en lo económico, político, social y eclesial, pusieron rostros las nuevas y antiguas pobrezas: rostros de mujeres y niñas, de pueblos indígenas, de homosexuales, lesbianas, y transexuales, de víctimas, de jóvenes, de ciudadanía indiferente y desmovilizada, de víctimas, de migrantes, de naturaleza herida, de 43 estudiantes, entre muchas y muchos más que no sólo padecen la dominación, sino que incansablemente luchan contra ella y sus raíces ideológicas que provocan una acelerada deshumanización.

Conscientes de la urgencia de un relevo generacional en la sociedad y las iglesias, se planteó también el desafío de la reforma de la Iglesia, tanto al interior de sus estructuras y relaciones, como en sus prácticas que tienen que orientarse otra vez a la transformación de la realidad en un lugar mejor, en un mundo donde quepan muchos mundos. Para lo cual no existe un único camino, ni un solo sujeto de liberación: cada cual está llamado a recorrer este camino de liberación, llamada a de-construir y reconstruir, a recrear, re-significar prácticas eclesiales, sociales, políticas, económicas. Caminando desde la concientización y la formación, hasta la resistencia y articulación; atravesando el discernimiento, el acompañamiento, el reconocimiento de las diferencias y la suma de esfuerzos.

En un auténtico ejercicio de reflexión horizontal y colectiva, el Congreso de Teologías y Experiencias de Liberación apostó hacia el final de los trabajos por la construcción de una agenda eclesial a la altura de los desafíos actuales, que posibilite una acción conjunta, articulada y abierta dialogar con las múltiples agendas que ya se construyen y operan creativamente en muchos rincones de nuestro país y del continente. Se trata de una mirada de largo alcance que no implica desentenderse de lo inmediato, de lo urgente, como los feminicidios, la desaparición forzada, la defensa del territorio, la reconstrucción del tejido social, el acompañamiento a las y los migrantes, la próxima visita del papa a México… sino encauzar todas nuestras luchas hacia la construcción de una utopía común, de un horizonte histórico de liberación.

El Congreso fue convocado por cerca de 20 organizaciones sociales y religiosas que nacieron o han configurado sus prácticas inspiradas por la teología de la liberación y que junto a muchas más, apuestan por la renovación de sus luchas en un momento histórico sin precedentes, donde a pesar de las densas sombras, las luces no dejan de brillar ni de encenderse por doquier, y no sólo en México sino en todo el continente, como señalaron Marcia Blassi (teóloga luterana de la Escuela Superior de Teología de Sao Leopoldo, Brasil) y Maricel Mena (teóloga afrodescendiente de la Universidad de Santo Tomás, en Bogotá, Colombia), quienes acompañaron y participaron de lleno los tres días del congreso y al final compartieron un mensaje de esperanza y compromiso por la liberación hoy.

Además de su carácter participativo, cabe destacar el énfasis ecuménico de esta experiencia, que contó con la participación de integrantes de las iglesias católica, anglicana, presbiteriana, metodista, bautista, luterana, pentecostal, entre otras denominaciones.

Durante los tres días de trabajo, tuvieron lugar diversas conferencias y arduas sesiones plenarias cuyos objetivos eran recuperar la memoria histórica, sistematizar experiencias y perfilar nuevos horizontes para las teologías y prácticas liberadoras de las y los participantes. Participaron de estos momentos magistrales, además de las teólogas invitadas, Enrique Dussel (UNAM), Leonor Aída Concha (Mujeres para el Diálogo), César Pérez (Iglesia Metodista), Eleazar López Hernández (Cenami), Marilú Rojas Salazar (UIA), Manuel Canto (CAM), Juan Guillermo Figueroa (Colegio de México), además de un nutrido equipo metodológico y de comunicación que coadyuvó a la buena realización de los trabajos en 6 mesas temáticas cuyos frutos se espera sean publicados en lo inmediato. La coordinación general del Congreso estuvo a cargo del Observatorio Eclesial y el Centro Antonio de Montesinos.

Ciudad de México, 8 de diciembre de 2015

A 50 años de la clausura del Concilio Vaticano II

 © Observatorio Eclesial

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Espacio de articulación ecuménica, de análisis de la realidad y de formación social teológica, política y de género para la defensa y exigencia de los derechos humanos integrales, la construcción y empoderamiento de la Iglesia de los pobres en el espíritu evangélico de comunión, combatir la pobreza y la exclusión; así como generar una corriente de opinión crítica y pública favorable a estas causas; también seguir siendo un referente, para denunciar, construir, formar y generar esperanza.
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