Juan XXIII y Juan Pablo II: canonización de dos modelos de iglesia irreconciliables

BOLETIN DE PRENSA

Foto del día 24-04-14 a la(s) 12.05

  • En la ceremonia del 27 de abril, Francisco canonizará dos modelos contrapuestos de iglesia, en tal sentido podemos leer estas canonizaciones como un acto político más que religioso, visualizando las verdaderas intenciones y proyectos de la institución eclesiástica y sus dirigentes a tal grado que “donde mejor se conoce la Iglesia que se quiere es en el modelo de santos súbito que se canonizan” y donde mejor se expresa la iglesia que no se quiere es en el modelo de santos que no se canonizan como es caso del Santo del pueblo salvadoreño y Latinoamericano: Oscar Arnulfo Romero

El próximo domingo 27 de abril el papa Francisco canonizará en El Vaticano a dos de sus predecesores: los papas Juan XXIII y Juan Pablo II, en una ceremonia histórica de resonancia mundial no sólo por la relevancia de ambas figuras en la historia reciente de la iglesia católica, sino también por tratarse de dos personajes claramente antagónicos, representantes de dos modelos de iglesia a todas luces opuestos; y porque la “santidad” de uno de ellos, la del papa polaco, está en el telón de juicio de la historia contemporánea, ya que al amparo de su pontificado ocurrió el mayor número de casos de pederastia clerical conocido hasta ahora en toda la historia del catolicismo.

La canonización es inminente e inevitable, pero es nuestra responsabilidad advertir a las millones de personas que hoy se alistan para enaltecer a Juan Pablo II sobre la tremenda injusticia que entraña esta apresurada canonización, al tiempo que invitarlas a la reflexión sobre el presente y futuro de la Iglesia en un contexto de exclusión y destrucción global donde sigue siendo urgente la reforma de la Iglesia inaugurada por el “papa bueno” Juan XXIII y continuada en América Latina por tantos hombres y mujeres mártires, en especial por Mons. Oscar Arnulfo Romero, canonizado por el pueblo.

¿Qué puede significar en pleno siglo XXI esta canonización? Como afirma acertadamente el teólogo José Ma. Castillo, a lo largo de los siglos de cristianismo “los intereses de la Iglesia han modificado radicalmente la imagen de la santidad”, por lo que las canonizaciones dan a conocer las verdaderas intenciones y proyectos de la institución eclesiástica y sus dirigentes a tal grado que “donde mejor se conoce la Iglesia que se quiere es en el modelo de santos que se canonizan” y donde mejor se expresa la iglesia que no se quiere es en el modelo de santos que no se canonizan.

Es decir, que detrás del interés espiritual de poner a una persona como modelo a seguir en la iglesia, la canonización entraña también intereses políticos, sociales e inclusive económicos.

Este modelo de santidad que enarbola El Vaticano en la actualidad es el resultado en gran medida del largo pontificado de Juan Pablo II, quien estableció en 1983 las normas que rigen hoy todo proceso de canonización y que, entre otras cosas, redujo a cinco años el tiempo mínimo post-mortem para iniciar un proceso de beatificación o canonización. También fue quien más santos y santas ha canonizado en toda la historia de los papas (prácticamente más que todos los papas anteriores juntos), acentuando un modelo de santo tradicional anterior al Concilio Vaticano II.

Por ello sorprende que a su lado y en la misma ceremonia de canonización sea también elevado a los altares el papa Juan XXIII, cuya sencillez de vida y apertura eclesial marcaron un antes y un después para la iglesia católica del siglo XX. ¿Por qué precisamente se va a canonizar a dos personajes que parecieran, ante los ojos de la gente común, tener una gran distancia de vida y pensamiento? ¿Por qué en la misma ceremonia? Esto parece también ser fruto del papa polaco, quien puso de moda las canonizaciones masivas, llegando a elevar a los altares a más de 100 de una sola tirada. Pero también es leída esta doble canonización como una estrategia del papa Francisco para atenuar el fervor exacerbado hacia Juan Pablo II, cuando han salido a la luz las sombras de su pontificado.

Ojalá fuera el último caso, sin embargo no es suficiente este gesto. Se hace necesario detener la canonización de Karol Wojtila. Voces acreditadas nos dan la razón. No sólo de las víctimas de su pontificado, sino de eminentes cardenales como el jesuita Carlo María Martini, que abiertamente afirmó que no era necesaria la canonización de Juan Pablo II, “bastaba sólo considerar el testimonio histórico de su dedicación seria a la Iglesia y al servicio de las almas”.

En tal sentido, hay que leer la próxima canonización de Juan Pablo II como acto político más que religioso y manifestar las razones por las que nos oponemos:

  1. Combatió la libertad de pensamiento y enseñanza en la Iglesia, silenciando o excomulgando a más de 500 teólogos/as en todo el mundo durante su pontificado.
  2. Atacó, sin conocerla, a la Teología de la Liberación llevando a cabo un proceso sistemático de desarticulación de la Iglesia de los pobres mediante la condena de sus principales representantes, la cancelación de centros de enseñanza teológica, la alianza con sectores conservadores del poder político en los países de América Latina y la promoción de experiencias eclesiales contrarias a la liberación.
  3. Su silencio ante las dictaduras militares latinoamericanas y caribeñas costó la vida de innumerables cristianos y cristianas en nuestro continente, entre ellos la de Mons. Oscar Arnulfo Romero, que un año antes de su muerte visita Roma y no es recibido ni apoyado por el papa.
  4. Negó la dignidad de las mujeres en la iglesia, al no reconocer la participación del género femenino en la toma de decisiones con liderazgos similares a los hombres, enfatizando únicamente su papel de madres-esposas y vírgenes. (Mulieris Dignitatem)
  5. Apoyó y protegió hasta su muerte a Marcial Maciel, sabiendo del dolor y abuso infligido a innumerables víctimas.
  6. Está en entredicho su participación en el encubrimiento a innumerables sacerdotes pederastas (incluyendo obispos y cardenales) al cambiarlos de residencia para protegerlos de la justicia y ocasionando con ello la multiplicación exponencial del daño a menores, a sus familias y a la iglesia misma. Pues aun aceptando que los abusos sexuales no son un comportamiento generalizado en la iglesia católica, sino casos particulares (supongamos al menos 1 sacerdote pederasta en cada una de las casi 3000 diócesis católicas que hay en el mundo), estaríamos hablando de cientos de miles de víctimas, pues se calcula que un sacerdote puede llegar a abusar de más de 100 niños gracias al sistemático comportamiento de traslado y protección del abusador por parte de la estructura eclesiástica.

Aunque El Vaticano le ha lavado las manos a Juan Pablo II, negando en todo momento que tuviera conocimiento de los casos de pederastia o sobre los abusos de Maciel, resulta poco creíble que así fuera, toda vez que desde la curia romana hubo disposiciones canónicas expresas de protección a los curas abusadores que no pudieron ser decretadas sin el consentimiento del papa. En última instancia, como han manifestado una y otra vez las víctimas, hubo en la alta jerarquía católica una sistemática voluntad de no saber. Un pecado de omisión que en la persona del papa tuvo y sigue teniendo terribles consecuencias.

Del otro lado de la moneda, un papa desconocido para la mayoría, dada la distancia que nos separa de la primavera eclesial que significó el Concilio Vaticano II. Juan XXIII, un hombre sencillo, un pastor, alguien que no anhelaba ser reconocido, ni venerado; en cambio, sí veía el mundo, y era consciente de que la iglesia no respondía ni a los anhelos, ni a los sueños, ni a la realidad del mundo, que estaba totalmente alejada y mirando hacia dentro. Abrió las ventanas del catolicismo para que entrara aire fresco. Un revolucionario, un hombre religioso, que quería conocer los anhelos, los sueños, las preocupaciones, los dolores, de aquellos millones que le habían sido confiados. Un hombre que proclamó la iglesia de los pobres, que después millones de latinoamericanos harán realidad, hasta hoy.

¿Cómo podemos valorar esta contradicción? Como reflejo de la profunda crisis de la iglesia, que se debate entre luchas de poderes al interior. Es una invitación a la reflexión y a una toma de postura consciente y crítica de parte de la grey católica, que la aleje del fanatismo religioso que se avecina con las próximas canonizaciones y la comprometa con las causas de la justicia y el bien común.

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5 respuestas a Juan XXIII y Juan Pablo II: canonización de dos modelos de iglesia irreconciliables

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  2. Edgardo Valerio dijo:

    Excelente boletín. La Iglesia de Cristo no debe politizarse. Lo compartiré.

  3. Pingback: Cristianos Gays » Juan XXIII y Juan Pablo II: canonización de dos modelos de iglesia irreconciliables.

  4. ellacuria dijo:

    Un papa viajero, mediático, conservador a ultranza, detentador de un poder inmenso al interior de la curia romana, un papa que no entendía la lucha de los movimientos revolucionarios de los años 80 y solo veía su descomunal anticomunismo en cualquier proceso de liberación, igual a don Ronald Reagan, además de poco solidario con los sacerdotes comprometidos en acompañar al pueblo sufriente en la búsqueda de un mejor desarrollo para sus vidas, un papa que callo a las victimas de los sacerdotes pederastas, que tanto daño han hecho a miles y miles de niños y niñas, destruyendo la fe de familias que esperanzadas en su fe católica habrían las puertas de sus hogares a dichos sacerdotes…………..recordemos la figura emblemática de Oscar Arnulfo romero, sacerdote mártir de la iglesia, busco, solicito apoyo de la iglesia oficial de la curia romana y solo recibió reprimendas, lo cuenta en su diario monseñor, que la figura del papa juan pablo ii le decepciono, porque en vez de apoyarlo en su justa lucha, le recrimino el poco tacto que tenia monseñor al atacar desde su visión profética a las familias de bien……….. porque mataron a romero, porque simple y sencillamente era una voz que ponía el dedo en la llaga, y lo hacia con la libertad de denunciar y anunciar el reino de dios, no tuve la dicha de conocerlo, pero si de ser participe del doctorado honoris causa póst morten que le entrego la uca, en la aula magna a mediados de los 80, me recuerdo que estuvo presente monseñor rivera y damas, así como el padre ellacuria, Ignacio martin baro, ahora también mártires asesinados por la fuerza armada salvadoreña, y si recuerdo ese acto de entrega del doctorado a esta figura de monseñor, nuestro santo de América dirá don pedro casaldaliga, luchador incansable que entrego su vida por la salvación de nuestro pueblo………….he allí el reconocimiento que se oculta de parte de la iglesia oficial, es bueno santificar y comercializar la figura de juan pablo ii pero la de monseñor romero se oculta porque los réditos para la iglesia oficial no satisfacen los intereses de las ordenes poderosas ya sean del opus dei o de los cardenales anclados en la vida ostentosa y cómoda, para quienes el concilio vaticano segundo es una cruel y real historia distante y a la cual el tiempo mismo de los conservadores desea ocultar.

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